El molar de una vaca que vivió a principios del siglo XVII, recuperado en un salvamento arqueológico en el Palacio de Bellas Artes, ha dado nuevas luces sobre la historia de la ganadería en América y su relación con los trabajadores esclavizados que llegaron de África durante la Colonia. Investigadores del Museo de Historia Natural de Florida, encabezados por el arqueozoólogo Nicolas Delsol, realizaron estudios de ADN, extraído de muestras de 21 huesos de vacas que datan de los siglos XVI al XVIII. En las muestras de uno de los ejemplares mexicanos, correspondiente a un molar de principios del siglo XVII, los estudios identificaron una secuencia de cromosomas que corresponde a una raza de vaca que solo hay en África. El arqueozoólogo señala que los estudios recientes se publicaron en un artículo de Scientific Reports, y que son importantes porque se aplicaron técnicas de ADN antiguo y permitieron obtener nuevas perspectivas sobre la introducción de la fauna europea en México. El estudio comparó secuencias genéticas de razas modernas del mundo con datos antiguos de ADN del ganado colonial arqueológico, cuyos resultados sugieren una historia más compleja de ascendencia mixta de Europa y África. Los análisis confirman que, en un primer momento, entre los siglos XVI y XVII, el ganado que llegó a la Nueva España era de ascendencia ibérica, mientras que hacia el siglo XVII se detecta el arribo de ganado africano a las Américas. El estudio sugiere que el crecimiento de rebaños vacunos en aquella época pudo haber estado relacionado con la trata de esclavos que, de acuerdo con los registros, hacia principios del siglo XVII, los traficantes de esclavos apuntan a grupos africanos familiarizados con el pastoreo de ganado. Para Eduardo Corona-M, esta investigación es muy importante porque pone de relieve el uso de técnicas novedosas como la del ADN antiguo, que permite recuperar secuencias para compararlas con los ejemplares modernos y percatarnos de los procesos de manejo y domesticación de organismos diversos, como las vacas. Otro aspecto relevante es el valor científico de los ejemplares alojados en las colecciones científicas, ya que, al tener documentada su procedencia e identificación, pueden aprovecharse para obtener información con nuevas técnicas, como los que el estudio de referencia ha mostrado.