La tempranillo, como uva tinta, y la airén la predominante entre las blancas dado que es la que mayor extensión ocupa.
Las principales variedades de nuestro viñedo son la tempranillo, como uva tinta, y la airén la predominante entre las blancas dado que es la que mayor extensión ocupa.
Las tintas garnacha, bobal, garnacha tintorera y monastrell; y las blancas verdejo y albariño, seguidas de la viura o la palomino.
En general, hay que tener en cuenta que la mayor parte de las variedades vinícolas cuentan con ‘gemelas’ (o primas hermanas) en otros países.
La garnacha puede encontrarse como tinto aragonés o roussillon.
Luego, en Italia se conoce como alicante, y en Francia es la grenache.
La uva garnacha tintorera se conoce también como Alicante Bouschet.
En cuanto a la tinta cariñena, habitual en Aragón, tiene como sinónimos mazuelo (en el repertorio riojano) y samsó, ésta en las zonas vitícolas de Cataluña.
Después, entre las blancas, la viura, que copa el territorio riojano, es sinónimo de la macabeo que emplean los catalanes.
En cuanto a la airén se conoce también como manchega, valdepeñera, lairén o forcayet.
La xarel.lo, entre las autóctonas principales de Cataluña, se denomina también pansa blanca en la D.O. Alella, y cartoixà en el Priorato; y ya en Mallorca, premsal blanc.
La gaditana por antonomasia, que es la palomino fino, ha estado presente en las viñedos castellanos identificada como jerez; y en otros lugares, con la listán.
La variedad malvasía es subirat en territorios como Penedès.
La lista podría continuar con otras muchas variaciones de los nombres de uvas más conocidos, pero hemos reparado en las más habituales.
Aunque también es cierto que muchas no cambian el nombre aunque salten de región.
Lo que sí se produce en el caso de algunas uvas es que se las conoce con el nombre en masculino y femenino dentro del mismo territorio.
Por ejemplo, loureiro-loureira; garnacho-garnacha; verdejo-verdeja; mazuelo-mazuela…
Variaciones de género en el nombre que responden más a la costumbre popular de cada lugar que a diferencias reales.
Es verdad que luego, desde el punto de vista enológico, pueden tener alguna pequeña diferencia, pero no porque no sean la misma variedad, sino por la impronta que marca el suelo y el entorno del que proceden.