Los historiadores coinciden en que los contenedores con forma ovoide habrían sido creados en la Edad de Piedra, hace unos 8.000 años.
En Georgia, hasta el día de hoy utilizan una especie de ánfora de arcilla llamada qvevri, como su pieza central en la vinificación.
Los contenedores de concreto han estado presentes en las viñas europeas al menos desde el siglo IX.
En el año 2001 el viticultor biodinámico, Michael Chapoutier, junto con el productor de contenedores de concreto, Marc Nomblot, se unieron para trabajar en conjunto inspirados en la vinificación biodinámica.
La colaboración fue el comienzo de la historia de los contenedores de concreto que cada vez ganan más terreno en las viñas actuales.
Hoy, los huevos de concreto Nomblot están disponibles en dos tamaños: 1.7 ó 2.2 metros de alto.
La forma ovoide crea una suerte de vortex que mantiene al vino en constante movimiento, dándole un mayor volumen al vino.
El concreto también permite una leve micro oxigenación, que entrega vinos más grasos y redondos en boca.
Los vinos criados en barricas de granito no tienen sabores ni aromas añadidos, ofreciendo vinos que se expresan como realmente son.