La cebolla es uno de los ingredientes imprescindibles de la dieta mediterránea y un alimento básico en la mayoría de los hogares españoles. Existen muchos tipos de cebolla, pero todas tienen algo en común: su principal ventaja es que consigue condimentar cualquier plato, en cualquiera de sus versiones. Todas ellas poseen numerosas propiedades y beneficios saludables como su efecto antioxidante, antiinflamatorio y antimicrobiano. Aunque las más comunes son la cebolla blanca y la amarilla, en el supermercado podemos encontrar numerosos tipos de cebolla. Cebolla amarilla es la más común, se caracteriza por tener una piel gruesa de color marrón anaranjado y una pulpa de color blanco. Cebolla blanca tiene un sabor más fuerte, son de mayor tamaño que otras variedades y su piel es más fina. Cebolla morada se reconoce por su color morado, aportando un toque de color a tus platos. Cebolla perla está más emparentada con el puerro que con la cebolla, de menor tamaño, tiene un sabor dulce y, aunque puede encontrarse en diversos colores, la más típica es la blanca con cierto brillo plateado. Chalota es un clásico de la cocina francesa, se trata de pequeños bulbos alargados, cuyos colores van del blanco al morado. Cebolleta es el tallo tierno de la cebolla común seca, su color es blanco y conserva los tallos verdes, tiernos y frescos. Cebollita francesa o ‘cippolini’ son bulbos de menor tamaño, redondos y ligeramente achatados, de piel dorada y pulpa blanca, destacan por su aroma dulce y delicado. Cebollino se usa como hierba aromática, debido a su sabor suave y textura crujiente, es una de las verduras que más se utilizan para la decoración de platos.