La realidad es que seguimos sin saber por qué los humanos empezamos a ingerir leche de vaca.
No hay registro de cuando comenzamos ese hábito alimenticio, pero fue esencial para el desarrollo humano y su crecimiento como especie.
Casi todos los mamíferos, ya no pueden digerir la leche cuando superan la etapa de crecimiento.
Pero, por alguna razón, buena parte de la población humano si lo hace en la adultez.
Todo parece indicar que esta alimentación inició hace 9000 años.
Pero, no fue tan sencillo.
No bastó una simple práctica cultural, sino que los humanos tuvieron una mutación genética que les ha permitido beber leche en la edad adulta.
La leche de vaca sigue siendo una materia prima esencial en quesos, mantequillas, yogurts, helados, etc.
Como mencionamos antes, los indicios iniciales de la ingesta de leche de otros animales data de hace 9 mil años.
Así se testimonia en antiguos fragmentos de cerámica, donde se han hallado restos de estas bebida.
Desde finales del neolítico, se empezaron a usar cuencos para mezclar la leche con granos, haciendo algo parecido a los cereales modernos.
Los antiguos pastores consumían mucha leche.
La obtenían del ganado que cuidaban, siendo este grupo el que parece haber iniciado la ingesta de la misma en los humanos.
Este consumo de leche parece haber empezado en lugares del norte de África, donde los pastores enfrentaban sequías.
Ante la escasez de agua, optaron por calmar la sed con la leche del ganado.
Quienes podían consumir esa leche, tenían ventajas sobre quienes no lo hacían.
Así, el gen que permitía digerir leche en etapa adulta se volvió recurrente entre la población.
El consumo de leche llegó a Europa por la región de Turquía, donde se conformaron sociedades de pastores que difundían su consumo en la zona del Caucaso.