Las definiciones de un “judío” según el diccionario, es: “un miembro de la tribu de Judá”, “un Israelita”, “un miembro de una nación existente en Palestina desde el siglo VI a.C. al primer siglo d.C.”, “una persona perteneciente a una continuación, a través de descendencia o conversión del antiguo pueblo judío”, “uno cuya religión es el judaísmo”.
De acuerdo al judaísmo rabínico, un judío es uno que tiene una madre judía, o uno que formalmente se ha convertido al Judaísmo.
Algunos rabinos dicen que no tiene nada que ver con lo que el individuo crea realmente.
Estos rabinos nos dicen que un judío no necesita ser seguidor de las leyes y costumbres judías para ser considerado judío.
De hecho, un judío puede no creer en Dios en lo absoluto, y aun así ser un judío basado en la anterior interpretación rabínica.
Otros rabinos dejan muy en claro que, aunque la persona siga los preceptos de la Tora y acepte los “Trece Principios de la Fe” como claramente lo expresa Maimónides, no puede ser un judío.
Aunque esta persona pueda ser un judío “biológico”, éste no tiene una conexión real con el judaísmo.
Las creencias y requerimientos en cada grupo difieren dramáticamente; sin embargo, una breve lista de las creencias tradicionales del judaísmo incluirían lo siguiente: Dios es el creador de todo lo que existe; Él es uno, incorpóreo, y solo Él debe ser adorado como el gobernante absoluto del universo.
Los primeros cinco libros de la Biblia hebrea fueron revelados por Dios a Moisés.
Éstos no serán cambiados o discutidos en el futuro.
Dios se ha comunicado con el pueblo judío a través de profetas.
Dios monitorea las actividades de los seres humanos; Él recompensa a los individuos por buenas obras y castiga el mal.
Aunque los cristianos basan gran parte de su fe en las mismas Escrituras hebreas como los judíos, hay grandes diferencias en las creencias.
Generalmente, los judíos consideran de primera importancia las acciones y el comportamiento; las creencias proceden de acciones.
La creencia judía no acepta el concepto cristiano del pecado original.
El judaísmo afirma la inherente bondad del mundo, y su gente como creaciones de Dios.
Los creyentes judíos pueden santificar sus vidas y acercarse a Dios, mediante el cumplimiento del mitzvoth.
No se necesita un salvador ni es necesario como intermediario.